Lee los cuentos ganadores de Lasallistas en Historias

Ganador categoría individual: 

Alteridad

por David Orozco 

Cuando David entró a la universidad Lasallista a estudiar medicina veterinaria gracias a su pasión por los animales y la naturaleza, era una persona muy tímida, estudiaba solo y encontraba un refugio en la biblioteca, allí lo acompañaba el silencio, hasta que una compañera afectuosa y con mucha fe en Dios que frecuentaba este espacio, le dijo:

– ¡Hola!, ¿Tienes unos audífonos que me prestes por favor? –

– ¡Sí, claro! -.

La compañera se sentó a su lado y empezó a escuchar alabanzas a Dios y por momentos, de manera sutil, conversaban de la pasión que ambos compartían por la medicina veterinaria. Con el tiempo, formaron una bonita amistad.

Pasaron un par de meses y David recibía clase de un profesor de cabello rubio, era una persona prepotente y arrogante. En una práctica, le dijo:

-Profesor, ¿Cómo examino este caballo? -.

– ¡David usted es un bobo, toca repetirle las cosas! -.

Estas palabras ofendieron a David, pero no dijo algo. En clases, fue viendo que el profesor rubio se burlaba del personal administrativo y de los profesores de Lasallista, además era corrupto al calificarle a estudiantes, estableciendo una política dominante. David comprendió que tenía que aprender a expresarse y vencer su timidez para transformar la política de Lasallista. Por lo cual, empezó siendo monitor, sus calificaciones eran muy buenas, servía y compartía con sus compañeros.

David descubrió que tenía la capacidad de hablar en público con su monitoría y empezó a trabajar en su oratoria en exposiciones y conversaciones con profesores, era un gusto para sus compañeros escuchar la elocuencia de sus palabras, incluso sin el apoyo de la vicerrectoría de investigación, participó en una ponencia de su anteproyecto de veterinaria, delante de profesores investigadores. Para Lasallista era más relevante las políticas económicas que las educativas, siendo algo injusto para David.

En una clase conoció un compañero, que era muy carismático y apasionado por la educación, filosofía, historia y justicia. David aprendió mucho de él, tomando una posición política de democracia. Los semestres avanzaron y David se sentía en la capacidad de representar a sus compañeros en el consejo académico y darle un cambio determinante a la política Lasallista.

Con el apoyo de estudiantes de derecho y de comunicación, estableció un plan de democracia, para emplear durante su representación, que consistía en expulsar al profesor rubio y al resto de empleados con historial de corrupción en Lasallista. Cuando recibió el mensaje que tuvo la mayor cantidad de votos, se sintió alegre de ayudar a su comunidad universitaria como representante estudiantil frente al consejo académico.

En la primera sesión del consejo, presentó el caso de corrupción del profesor rubio y de otros profesores, causando revuelo en la universidad. Los profesores tomaron represalias contra David, pero él ya estaba preparado para este efecto, siguiendo firme en su plan. Los días fueron pasando y en las sesiones del consejo, se presentaban cartas y quejas contra el profesor rubio, hasta su expulsión con otros profesores.

En Lasallista se respiraba un ambiente diferente porque la democracia triunfó frente a la corrupción, la comunidad sentía más respeto por los valores universitarios. Fue una experiencia enriquecedora para David porque Transformó las políticas de su universidad, aprendió a ser un líder democrático y realizaba talleres para crear conciencia sobre el cuidado del medio ambiente en la comunidad de su barrio y en zonas rurales. David se sentía agradecido con Dios, la naturaleza y el universo por tener la oportunidad de existir en la vida terrenal aprendiendo y compartiendo la magia de servir, crear y amar.

 

Ganador Categoría Alimón (cuento en pareja):

Legado

Por: David Arismendy  y Katlin Navarro 

De tantas reverencias de jóvenes incantes, sé que he dejado un legado que agrada a Dios tanto como la bondad de mis acciones. Algunos creen que merezco mucho más que reverencias y me sueltan versos cursis cargados de una ternura de la que creí sólo ser digno cuando te llenas del amor del Espíritu Santo.

Los creyentes en la capilla rezan por mí: “¡Oh glorioso San Juan Bautista de La Salle, apóstol de la niñez y de la juventud…” y yo los escucho agradecido.

Así que, no sé bien en qué momento terminé por quedarme aquí sentado mirándome al espejo, aunque esta proyección ni respira, ni mueve los párpados, ni se contonea con mis movimientos. Medito. El espejo tiene firma: “Pierre”. Creo que no es un espejo.

Un día nuevo aparece como un fantasma sin invocar, me paro en el sitio de siempre, miro a todos los que llegan a mi gimnasio griego, algunos tienen un aura de servicio hacia todos los seres vivientes, otros quisieran defender al mundo de las injusticias mortales, unos pocos son como los ángeles, que facilitan la comunicación del sentimiento de amor de nuestro señor a los hijos de Adán, y están aquellos que dudosos, temblorosos, se preguntan cada día si caminan en la dirección correcta. Sin embargo, todos, todos cruzan el pórtico enladrillado sonriéndome, como agradeciéndome, enternecidos.

Giro a mi espalda, un gran vidrio negro hace reflejo entre los que llegan y sonríen, y de repente un ser de cuatro patas, ojos amarillos, de pelillos negros, me mira fijo, mueve su cola, creo que no sabe quién soy, por eso me observa con curiosidad, lo saludo, me sale un “miau”, me sorprendo, saludo “miau”, otra vez. Por primera vez, miro mis manos, y no son manos, toco mi piel y no es piel.

¡Dios mío! Soy un gato negro.